Marqués de Tamarón || Santiago de Mora Figueroa Marqués de Tamarón

miércoles, 9 de noviembre de 2016

Habrá menos liberalismo y más democracia

Cuando esta madrugada llegó desde Nueva York al Otro Mundo la noticia del día —¿O del siglo? ¿O del milenio? — hay que suponer que Don José Ortega y Gasset miró con melancolía a Aristóteles y le murmuró:

  No es esto, no es esto.

A lo que el griego contestó con sequedad:

  Ya os lo decía yo.

Es posible que San Alcuino terciase:

  Nunca pensé que en siglos venideros mi frase Vox populi vox Dei cayese en manos de letrados tan torpes, tan carentes de ironía que tomasen esas palabras al pie de la letra. Carlomagno bien que lo entendió.

El caso es que al comprender la decisión del pueblo de los Estados Unidos de América, que ungió contra todo vaticinio a su futuro presidente, recordé una intervención que me encargaron en la Universidad Menéndez Pelayo en Santander, hace algo más de un año. Se trataba de contestar a la pregunta: “Después de 2015, ¿más o menos liberalismo?”.

A continuación reproduzco mi contestación, tal como apareció en la Nueva Revista, número 156 (2015).



 HABRÁ MENOS LIBERALISMO Y MÁS DEMOCRACIA

La primera responsabilidad es de la pregunta que se hace, quien responda por derecho entra ya con el paso marcado, y más en materia de ideologías. El seminario de la revista planteó a sus invitados la cuestión del más y el menos del porvenir liberal, a lo cual, y por deferencia, Tamarón mal podía hacer otra cosa que aclararla con el clásico en la mano.
   
      Entiendo que el título de la sesión de esta mañana del 4 de Septiembre La globalización liberal, estado de la cuestión tras 2015— coincide con el del curso que nos reúne Después de 2015, ¿más o menos liberalismo?— y que los dos se aclaran y refuerzan mutuamente.

      Pues bien, ambos descansan sobre una pregunta, no del todo retórica y menos aún profética, puesto que las preguntas nunca son proféticas aunque las contestaciones a veces lo sean.

      La pregunta sobre si habrá más o menos liberalismo después del presente año de 2015 nos obliga a hacernos otras preguntas previas: ¿Qué ha de entenderse por liberalismo? ¿Qué suele entenderse hoy por liberalismo? ¿Existe hoy una cascada de sinónimos sagrados: Democracia, Estado de Derecho, Imperio de la Ley, Libertad, Libertades? (en inglés la precisión es mayor puesto que Liberty y freedoms subrayan las diferencias) ¿Se trata en rigor de sinónimos, o de conceptos multívocos, o de antónimos? ¿O tal vez son palabras de una misma familia que desfilan en solemne hierofanía?

      Los dos pensadores más citados en España a la hora de reflexionar sobre el liberalismo y la democracia disfrutarán desde el cielo platónico en el que sin duda se encuentran y se sonreirán oyendo tanto despropósito. Me refiero a Aristóteles y a Ortega y Gasset.

      Y se maravillarán al observar que casi todos los que hoy citan la Política (III. 7) de Aristóteles dicen por ignorancia o por prudente hipocresía— que el maestro de Alejandro Magno (y de todos nosotros) demostró su hondo y moderno espíritu democrático declarando que las tres formas de gobierno y sus respectivas formas corrompidas son: la monarquía, que puede degenerar en tiranía; la aristocracia, que puede convertirse en oligarquía; y la democracia, que puede caer en demagogia. Lamento, sin embargo, tener que recordar que tales palabras son una tergiversación, por muy políticamente correcta que sean. Lo que dice Aristóteles es que la tercera forma de gobierno (se entiende forma encomiable) es la politeia y que su degeneración es la democracia. Para nada habla de la demagogia. La politeia es una especie de protoestado de derecho mesocrático. Aristóteles considera la democracia algo lo bastante corrupto per se como para no necesitar otra palabra que subraye su condición decadente.

      Llegado a este punto, confieso mi curiosidad. ¿Quién sería el primer traductor de Aristóteles a una lengua moderna que ideó la superchería para salvar la democracia? Por ahora el más antiguo sacerdote de la corrección política que he encontrado es Jules Barthélemy-Saint-Hilaire (1805-1895). Se decía que era hijo de Napoleón, pero (o por eso) se opuso a Napoleón III. Fue Ministro de Asuntos Exteriores de la Tercera República y favoreció la anexión de Túnez. Pero a lo que dedicó más tiempo fue a traducir a Aristóteles, desde 1837 hasta 1892. Este prócer republicano demuestra cierta sinceridad al reconocer, en nota a su traducción en 1874 de la Política, lo siguiente:
  "La demagogia. He traducido la palabra democratia por demagogia cada vez que Aristóteles ha usado democratia echándola a mala parte, como aquí. La palabra «democracia» está en nuestros días desprovista de toda idea desfavorable, y no habría en absoluto traducido el pensamiento del filósofo griego. [...] Por lo demás hay que observar que Aristóteles siempre toma la palabra «pueblo» como la parte más pobre y más numerosa de los ciudadanos, del cuerpo político...".
      En resumen, este erudito político republicano se escuda en que el demos griego era a los ojos de Aristóteles algo tan deplorable como le peuple de la república burguesa en Francia.

      En fin, puede que el buen humor de Aristóteles ahora que está en las nubes se haya visto turbado por un pellizco doloroso de melancolía ante la tergiversación moderna de sus palabras: tal vez se acordará de Sócrates, el maestro de su maestro Platón, el hombre ejemplar para muchos que olvidan, porque no les conviene recordarlo, que fue asesinado por la Democracia.

      Por otro lado, recuérdese que la misma voz griega politeia fue traducida a veces por régimen de gobierno o constitución, o incluso estado de derecho, y se comprenderá la magnitud del problema, la angostura de la aporía. Tan sólo se me ocurre un remedio: el muy tradicional de releer a Ortega. A veces saca al lector de dudas, a veces lo hunde más en la incertidumbre. En este caso nos ayudaría a salir de las ambigüedades interesadas de la postmodernidad pasar media hora leyendo sus Ideas de los castillos, en Notas del vago estíoEl espectador - V (1926). Allí, el maestro de la ironía socrática se atreve a declarar que democracia y liberalismo no sólo son siempre bien distintos sino con frecuencia antitéticos:  
 "Pues acaece que liberalismo y democracia son dos cosas que empiezan por no tener nada que ver entre sí, y acaban por ser, en cuanto tendencias, de sentido antagónico.  
  Democracia y liberalismo son dos respuestas a dos cuestiones de derecho político completamente distintas.  
  La democracia responde a esta pregunta: ¿Quién debe ejercer el Poder público? La respuesta es: [...] la colectividad de los ciudadanos. 
  El liberalismo, en cambio, responde a esta otra pregunta: ejerza quien quiera el Poder público, ¿cuáles deben ser los límites de éste? [...] el Poder público, ejérzalo un autócrata o el pueblo, no puede ser absoluto, sino que las personas tienen derechos previos a toda injerencia del Estado.  
   [...] Se puede ser muy liberal y nada demócrata, o viceversa, muy demócrata y nada liberal.  
   [...] Sería, pues, el más inocente error creer que a fuerza de democracia esquivamos el absolutismo. Todo lo contrario. No hay autocracia más feroz que la difusa e irresponsable del demos. Por eso, el que es verdaderamente liberal mira con recelo y cautela sus propios fervores democráticos y, por decirlo así, se limita a sí mismo".
      Hasta aquí Ortega en sus funciones de moderado optimista que aspira a serenar predicando los ideales de la democracia moderada por los principios liberales, presentes en todo Estado de Derecho. Es decir, que Ortega es partidario de la politeia (πολιτεία), mucho más que de la democracia (δημοκρατία). Es consciente de que la democracia se asienta sobre la igualdad y el liberalismo sobre la libertad. La democracia absoluta es tan irrespirable como el oxígeno puro. Lo único que evita que la democracia sea invivible es mitigarla con las precauciones de un Estado de Derecho. 
      
      Por cuanto antecede resulta inexcusable la creciente sinonimia en usos periodísticos y políticos entre democracia estado de derecho. No son la misma cosa; nunca lo han sido. Ni lo eran para Aristóteles. Ni siquiera en la oficialmente llamada por los historiadores democracia ateniense (del 508 al 322 a.C.) votaban más de uno de cada diez habitantes. 

      Asunto distinto es si debemos o no seguir acudiendo a don José Ortega y Gasset como maestro cuando escribe sobre la democracia deprimido por los acontecimientos de ciertos momentos históricos. En 1917, en su artículo titulado Democracia morbosa, escrito a los 34 años, dice:
  "En el orden de los hábitos, puedo decir que mi vida ha coincidido con el proceso de conquista de las clases superiores por los modales chulescos. Lo cual indica que no ha elegido uno la mejor época para nacer. Porque antes de entregarse los círculos selectos a los ademanes y léxico del Avapiés, claro es que ha adoptado más profundas y graves características de la plebe. [...] 
  Toda interpretación soi-disant democrática de un orden vital que no sea el derecho público es fatalmente plebeyismo. [...] 
  La época en que la democracia era un sentimiento saludable y de impulso ascendente, pasó. Lo que hoy se llama democracia es una degeneración de los corazones. [...] 
  Periodistas, profesores y políticos sin talento componen, por tal razón, el Estado Mayor de la envidia, que, como dice Quevedo, va tan flaca y amarilla porque muerde y no come. Lo que hoy llamamos «opinión pública» y «democracia» no es en grande parte sino la purulenta secreción de esas almas rencorosas".
      No hace falta recordar que eso fue escrito en el mismo año de la Revolución Bolchevique, 1917. Y que pocos años después, en 1930, el mismo Ortega escribió su artículo Delenda est Monarchia, que tanto influjo tuvo en la llegada de la República a España, tras la cual, pocos meses después, publicó Un aldabonazo, para insistir en "no es esto, no es esto" ante los excesos del nuevo régimen. Pero la cumbre de su rechazo del concepto de democracia, desvirtuado en la práctica, la alcanzó en 1949, en la Universidad Libre de Berlín, auténtica "isla en el Mar Rojo", donde en una conferencia ante una multitud de estudiantes dijo:
"La palabra democracia, por ejemplo, se ha vuelto estúpida y fraudulenta. Digo la palabra, conste, no la realidad que tras ella pudiera esconderse. La palabra democracia era inspiradora y respetable cuando aún era siquiera como idea, como significación algo relativamente controlable. Pero después de Yalta esta palabra se ha vuelto ramera..."
      En fin, que puestos a añorar utopías, tal vez para Ortega la mejor hubiese sido la Politeia con sendos ramalazos de las otras dos utopías aristotélicas, la Monarquía y la Aristocracia. Y hubiera querido olvidarse de las tres distopías tan presentes en esta nuestra sobornable contemporaneidad: tiranía, oligarquía y democracia (o demagogia, si prefieren ustedes los eufemismos de la corrección política, que Aristóteles desconocía). 

      Claro que tampoco conocía esos dos útiles neologismos helenistas alumbrados veinte siglos más tarde en la brumosa Albión, utopía y distopía. 

      Por eso y al llegar a consideraciones pesimistas siempre me viene a la mente lo que hace muchos años oí decir al director de un centro de análisis y prospectiva internacionales:
  “Los que vivimos de una bola de cristal hemos de resignarnos a terminar a veces masticando vidrios rotos”.
      Lo peor es que ese miedo, casi certidumbre, del error probable en sus palabras que siente el propio augur, surge por igual al emitir dictámenes optimistas o zozobras pesimistas. Y hoy, esta semana, los ecos ominosos que nos llegan de Oriente Medio nos recuerdan el verso de Coleridge, ancestral voices prophesying war, voces ancestrales que profetizan guerra.

      Tal vez, ojalá no sea así, precisamente un aumento del poder del demos llamémoslo democracia o demagogia, qué más da— constituirá el explosivo mortal que haga añicos el débil liberalismo que algunos creyeron que se estaba construyendo en tantas llamadas primaveras árabes.


PD del 14 de Noviembre del 2016:

      Nunca lo hubiera creído si no acabase de leerlo en el Financial Times del 12/13 Noviembre, 2016. Francis Fukuyama, dechado de virtudes políticamente correctas y epígono de Hegel y Kojève, en un artículo titulado US against the world?, analiza "lo que la llegada de la América de Trump significa ahora para el orden global". Y se atreve a desdecirse de sus previos análisis (véase La fin del mundo y el fin de la historia), concluyendo con resignación que "the democratic part of the political system is rising up against the liberal part". Más vale tarde que nunca, comprender que democracia y liberalismo son cosas distintas.


Enlace relacionado:
Habrá menos liberalismo y más democraciapor el Marqués de Tamarón, Nueva Revista, Febrero 2016

jueves, 3 de noviembre de 2016

Feliz cumpleaños

Un hombre leyendo. 1630. Por un seguidor de Rembrandt.
© National Gallery, Londres

     El azar me deparó la sorpresa de que el 18 de Octubre pasado, septuagésimo quinto cumpleaños de la persona que más ha influido en mi vida, se publicara este artículo mío en el ABC, en el que conmemoro una efeméride bien distinta, aunque de la misma fecha.

     Lo reproduzco aquí con el asombro -no siempre exento de desaprobación- que merecen quienes culminan el esfuerzo titánico de expresarse a contracorriente y entre líneas.

ENTRE LÍNEAS Y A CONTRACORRIENTE

     Hace setenta y cinco años, el 18 de Octubre de 1941, almorzaron el Capitán de la Wehrmacht  Ernst Jünger y el Catedrático de Derecho Carl Schmitt en el Ritz del París ocupado. El profesor citó a Macrobio: “No puedo escribir contra quien puede proscribir” (Non possum scribere contra eum, qui potest proscribere). La alusión entre líneas a Hitler era evidente para los demás comensales.

     Schmitt había sido militante del Partido Nacional Socialista pero ya en 1941 se había distanciado. Al terminar la guerra fue encarcelado en Berlín por las tropas soviéticas pero enseguida, tras una corta comparecencia, fue puesto en libertad. Luego los americanos lo tuvieron en diversos campos de internamiento durante un año. Unos meses después volvió a la cárcel en Nurenberg hasta que el fiscal Kempner lo liberó sin cargos en 1947. Pero la República Federal de Alemania lo inhabilitó para enseñar.

     Schmitt, admirador de Donoso Cortés, fue apreciado por pensadores muy diversos, sobre todo de izquierdas como Walter Benjamin, Georg Lukács, Habermas, Kojève, Derrida, Tierno Galván, los “maoístas” del 68 o incluso, horresco referens, Íñigo Errejón. También, naturalmente, por otros de derechas o conservadores como Francisco Javier Conde, Samuel Huntington o Alain de Benoist. Sobre todo fue muy amigo de Ernst Jünger y se influyeron mutuamente. Pero Schmitt al final de su vida, tal vez por una enfermedad degenerativa, se comportó con odiosa deslealtad hacia su viejo compañero.

     Jünger fue muy conservador y por tanto nunca hitleriano. De hecho sí escribió contra Hitler en su novela Sobre los acantilados de mármol, parábola bastante evidente. Pero su “gran fondo de prudencia puntuado por audacias calculadas”, según  Hervier, su biógrafo, era la seña de identidad de sus dos arquetipos, el Rebelde y el Anarca. Su hijo, sin embargo, no entendió ese requisito del disimulo sin el que no hay odisea posible. Siendo guardiamarina a los 17 años lo oyeron criticar a Hitler. Acusado de derrotismo, pasó como soldado raso a una unidad de granaderos y murió en combate en una cantera de mármol, en Carrara. Al terminar la guerra Jünger fue detenido y en la zona británica de ocupación se le prohibió publicar durante cuatro años.

     De los otros comensales, el Coronel Speidel estuvo involucrado en la conjura de Stauffenberg, fue encarcelado por Hitler y después por los americanos hasta 1949, tras lo cual Adenauer lo nombró asesor militar y luego fue General Jefe del Mando Centroeuropeo de la OTAN. El Capitán Grüninger desapareció en el Frente del Este al final de la guerra. El Conde Podewils fue prisionero de los británicos desde 1944 hasta 1946.

     Por esas fechas Alexandre Kojève, otro pensador sobremanera multívoco, interrumpió sus reflexiones sobre Hegel y el Fin de la Historia para escribir una Notice sur l’autorité, que según Dominique Auffret, biógrafa y exégeta del ruso francés, “acepta la idea de que, en el caso de que los nazis saliesen victoriosos, habría que contemplar el trabajar con ellos para preparar contra ellos el post-nazismo”. No se sabe si tal astucia emula el Pacto Molotov-Ribbentrop o algún proyecto del Mariscal Pétain. Kojève tuvo una doble o triple carrera brillante, como pensador de moda (más tarde inspirador póstumo de Fukuyama) y como alto funcionario, asesor del Gobierno francés en cuestiones de comercio internacional. Nunca ocultó que se consideraba hombre de izquierdas, pero fue muy admirado también por escritores y políticos de derechas. Según Raymond Barre, futuro Primer Ministro, uno de los lemas de Kojève era “la vida es una comedia y hay que representarla seriamente”. Mantuvo correspondencia con Leo Strauss, con Schmitt y con otros pensadores conservadores.  En 1999 se descubrió que había sido agente de la KGB soviética durante 30 años, desde 1938 hasta su muerte repentina en 1968.

     También al comienzo de la Segunda Guerra Mundial trabajaban en uno o en varios servicios secretos a la vez, y celebraban sus éxitos en una buena mesa Philby, Maclean, Burgess y Blunt, todos ellos agentes soviéticos infiltrados en los servicios secretos británicos. La mesa corría por cuenta de un rico angloespañol, Tomás Harris. Fue él quien dirigió al agente doble español Juan Pujol, alias Garbo. Murió en Mallorca en circunstancias sospechosas. Graham Greene escribió a favor de Philby, pero nunca dijo que fue a verlo cuatro veces en Moscú y que luego informó al Director del MI6 británico. Greene decía que un espía comunista en Inglaterra era lo mismo que cuatro siglos antes un espía católico del Rey de España en la Inglaterra de Isabel I.

     Mucho peor que los comensales antes mencionados -pero con idénticos recelos políticos- comía Leo Strauss por aquel entonces en su destierro londinense, donde fue a estudiar a Hobbes (por cierto que pese a ser judío lo recomendó Carl Schmitt). Escribió a Kojève, al principio de su amistad, “estoy muy sediento en este momento y no tengo el bueno y barato vino francés. Pero en su lugar tenemos el maravilloso desayuno inglés. Los jamones están demasiado buenos para ser cerdo y por tanto están permitidos por la ley mosaica con arreglo a una interpretación atea; son maravillosos los postres y dulces ingleses; y, además, la gente inglesa es mucho más cortés que los franceses”.

     Tanto Jünger como Schmitt, Kojève y Strauss tienen dos rasgos fundamentales en común. Su pensamiento es poliédrico, de tantas caras como tiene. Por eso los cuatro cautivaron a diestra y a siniestra. Y su magisterio fue esotérico y no exotérico.

     Así pues todos los mencionados escribieron y vivieron entre líneas y a contracorriente. O lo intentaron. Pero no creo que muchos pudieran ver realizado el deseo que expresó Ernst Jünger: “cuando hay que nadar a contracorriente hay que pedir al menos que las aguas sean limpias”. Habrá que preguntarse si alguna vez la corriente contra la que se nada es clara y no turbia. Contra las aguas claras no hace falta nadar.

     Conviene no olvidarlo. La corrección política, por asimétrica y escorada a babor que sea, es la forma de censura más eficaz desde el ejemplo de autocensura antes citado, que recoge Macrobio. Se lo dijo el poeta Asinio Polión a Augusto. Mas ocurre que Augusto era un emperador ilustrado y la corrección política es igual de imperiosa pero carente de ilustración.

     Muchos interlineados a contracorriente habrá que idear para dejar constancia de lo que cada cual piensa. No hay otra solución. Eso o, como Schmitt en aquel almuerzo parisino, declararse y creerse en la misma situación que el Benito Cereno de Melville, capitán de un barco de esclavos amotinados.


Enlaces relacionados:
La fin del mundo y el fin de la historia, por el Marqués de Tamarón, Nueva Revista, Junio 1992.
El acabose, por el Marqués de Tamarón, Nueva Revista, Febrero 1990.

jueves, 13 de octubre de 2016

Don José Ortega y Gasset y el sufragio universal

Citas proscritas. I


Sorolla, 1918, Hispanic Society, Nueva York

     "Con extraña facilidad todo el mundo se ha puesto de acuerdo para combatir y denostar al viejo liberalismo. La cosa es sospechosa. Porque las gentes no suelen ponerse de acuerdo si no es en cosas un poco bellacas o un poco tontas".

José Ortega y Gasset, La rebelión de las masas (1930)


     "Se pretende, por lo visto, elevar a síntoma de la verdad la coincidencia entre los hombres, como si esta coincidencia no pudiese igualmente producirse en torno al error. Espumando la experiencia que la vida deposita en nosotros, más probable hallaremos que los hombres se pongan de acuerdo en un error que en una verdad."

José Ortega y Gasset, Prólogo a «Historia de la Filosofía» (1921)


     "A la esencia de la verdad son indiferentes las vicisitudes del sufragio universal".

José Ortega y Gasset, Introducción a una estimativa (1923)


(Las dos primeras de estas citas me las facilitó José Luis González Quirós, al que acudí tras años buscando el dato exacto bibliográfico. Así es que con mi agradecimiento al docto y nada pedante amigo, aprovecho para pedirle que publique su "pequeña digitalización de Ortega, hecha a mano". Será pequeña, pero no conozco otra.)

miércoles, 14 de septiembre de 2016

José Ignacio Gracia Noriega (1945-2016)

José Ignacio Gracia Noriega (1945-2016) © El Comercio

     José Ignacio Gracia Noriega ha muerto en Asturias el pasado día 6 de Septiembre de 2016. Durante años mantuvimos una correspondencia literaria y comentamos nuestros libros y los de muchos otros autores. Me gustaría escribir ahora un recuerdo de él, pero recibí una carta de su amigo y paisano Ricardo Viejo que me llamó la atención por su sencillez y afecto. Le pedí permiso para publicarla aquí, y lo hago con la satisfacción de saber que habría sido difícil superar a su autor en este juicio tan justo como cordial.

José Ignacio Gracia Noriega (1945-2016) 
Ricardo Viejo 
     Hará unos trece años nuestro amigo Ignacio Gracia Noriega tuvo una afección cardíaca que lo mantuvo hospitalizado unas semanas. Salió de allí bien, pero con un corazón herido, descompensado, que lo obligó a adelgazar, a llevar un régimen estricto y tomar muchas pastillas, cosa que se puede decir cumplió a rajatabla. Disfrutó relativamente bien de esos trece años y llevó una vida más o menos normal: cuidándose y siendo muy cuidado por Covadonga, su mujer. 
     Pero este invierno lo pasó mal: no se encontraba bien, tenía catarro, no se le quitaba, lo diagnosticaron en un principio mal: catarro que no se le quitaba, hasta que lo ingresaron por urgencia, en primavera, en el Centro Médico de Asturias y estuvo una semana hospitalizado. El diagnóstico fue la afección cardíaca agudizada: estaba muy tocado del corazón y tenía muy hinchadas las piernas. Le dieron el alta y se fue a su casa a Sevares (Piloña); pero siguió sin encontrase bien: andaba por casa desasosegado, inquieto, dormía mal, sufría un malestar general, no se concentraba. 
     A primeros de Agosto falleció la mujer de Don Gustavo Bueno, y a los dos días el filósofo, hecho que afectó mucho a Ignacio. 
     El día 17 de Agosto, día de su cumpleaños, le dio un ictus a Ignacio. Era por la noche, y Covadonga tuvo una intuición: bajó desde su habitación al salón y se encontró a las dos de la mañana a Ignacio tirado en el suelo. Llamó a una ambulancia y lo trasladaron al ambulatorio de Arriondas y de allí al HUCA (Hospital Universitario del Centro de Asturias). Allí le hicieron una operación para resolver el problema del ictus que salió muy bien. 
     Lo fuimos a ver al día siguiente de la operación mi mujer y yo, y lo encontramos muy delgado, pero bien de inteligencia, de lucidez, normal, leía. Se interesó por un libro que tenía yo en casa y me dijo que se lo llevase la próxima visita. El libro de Edward Whitmont, El retorno de la diosa (The Return of the Goddess). ¿Por qué estaba interesado especialmente en ese libro? Me pregunté y me pregunto. Un libro de psicología junguiana que habla de mitos. Libro que le hice llegar en cuanto pude. 
     El pasado Lunes lo volvimos a visitar en el hospital: estaba sentado en una silla, extremadamente delgado, pero curiosamente estaba leyendo el libro antes mencionado. Llegaron más visitas. Ignacio habló poco, tenía ganas de que lo mandasen a casa, y le dijeron que después del día de Covadonga, día 8 de Setiembre. Yo salí de aquella visita esperanzado, mi mujer no: lo vio muy delgado, sin vitalidad. 
     Al día siguiente, como a las siete de la mañana, le dio un derrame cerebral y ya perdió la conciencia, aunque apretaba la mano de Covadonga, me dijo ella. Pero entró ya en agonía. A las once de la noche del Martes día seis se murió. 
     Tenía muy afectado el corazón, muy tocado, y la salud es un todo, y todo está unido con todo en el cuerpo humano. 
     Lo vamos a echar mucho de menos en la familia: venía mucho por casa. Vital, alegre, hablador. A mis hijos les afectó la muerte de Ignacio, y a mi mujer, y a mí, una amistad de hace más de treinta años. 
     Pero tiene Usted razón Don Santiago y creo en lo que dice: "Él, que tanto disfrutaba de la vida con los cinco sentidos y con todas sus potencias espirituales e intelectuales, estará ahora viendo las cosas de otra manera, y quizá sonriendo con indulgencia al vernos." 
     Sí, estoy convencido de ello, nos está viendo desde algún lugar mejor y sonriendo. 
     Ernst Jünger, en algún pasaje de su obra compara la muerte con un puesto fronterizo donde la calderilla de la memoria es cambiada por oro.

     Tan sólo puedo añadir, descanse en paz.

viernes, 19 de agosto de 2016

El incendiario campa por sus respetos

Caín, por Fernand Cormon (1880), Musée d'Orsay

     "Si sale su sentencia, su nombre y su foto, también es una forma de proyectar la gravedad del delito, del castigo y que la Justicia ha actuado. Sería una advertencia para los delincuentes [...]. Es importante que sepan que la agresión al final se paga". Eso acaba de decir, con toda la razón, Doña Pilar Martín Nájera, Fiscal de Violencia sobre la Mujer. "No lo sé, dígame usted por qué los medios no lo dicen. Entiendo que al principio es por la presunción de inocencia. Pero cuando el agresor está condenado y la condena es pública es perfectamente posible que se publique". De nuevo acierta plenamente la Sra. Fiscal. Tan sólo olvida exigir un dato: si se está cumpliendo o se ha cumplido la sentencia y durante cuánto tiempo ha estado en la cárcel.

     Y, por lo demás, conviene tener en cuenta que las consideraciones de puro sentido común que acaba de hacer esta señora deberían ser aplicadas a los incendiarios. Y no lo son. Es más, a quienes indagan sobre este extremo se les dice que no se puede dar el nombre del delincuente, y a veces añaden que eso iría contra el "derecho al honor" o el "derecho a la intimidad". Como si le quedara algún honor y alguna intimidad a semejantes criminales. Y, por supuesto, tampoco habría que excluir la aplicación de estas medidas de publicidad, con efecto ejemplarizante y disuasorio de ulteriores delitos, a los violadores y asesinos de niños.

     A ver si dejamos de ser vistos como la tierra donde el incendiario campa por sus respetos.

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Fuego, crimen y castigo (II)
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De nuevo la infamia impune
Más hideputas que pirómanos
Sigue la impunidad de los canallas

sábado, 13 de agosto de 2016

Los portugueses, más resolutorios que los españoles




     Como es sabido, a mediados de este mes de Agosto arden cientos de incendios provocados en el sur de Francia, en España (incluida la isla canaria de La Palma) y en Portugal (incluida la isla de Madeira). Causan estragos en bosques y ciudades, muertes y desolación.

     En Portugal han surgido varias iniciativas pidiendo al Presidente de la República y a la Asamblea de la República que actúen con más severidad contra las manos criminales. La más suscrita de esas peticiones es la que aparece sobre esta entrada. Al día de hoy lleva 50.000 firmas verificadas con documentos de identidad. Piden 25 años de cárcel para los incendiarios. Razonan su petición y aconsejo a los lectores españoles que con un mínimo esfuerzo lean este texto, tan parecido en la forma a nuestra expresión castellana y tan distinto en el fondo de nuestros sentimientos derrotistas.

     En cambio aquí nadie propone algo práctico para atajar los estragos criminales. Se comprende que los políticos no piensen mucho en ello, pues están ocupados en otro problema urgente. Pero sorprende que ninguna Oenegé supuestamente verde haya dicho nada estos días, que yo sepa. Tal vez los onegeros españoles estén todos veraneando en algún fiordo noruego.

     Está por ver que los firmantes portugueses consigan su propósito. Ni siquiera el ritmo que observo hoy de 100 firmantes más por hora garantiza que el poder legislativo atienda a sus razones. Pero, al menos, también ellos podrán decir "por mí que no quede". Y tal vez añadan, "hacia Levante, ni eso".

     PD: Más vale que resistan ustedes la tentación de firmar la petición, salvo que tengan un documento de identidad portugués. En cambio estaría bien que desde España se copiase esa iniciativa de nuestros amigos y hermanos portugueses.

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miércoles, 3 de agosto de 2016

Botones de muestra (XXXII)

     No conozco otro caso como esta curiosa pareja de libros, uno de poesía y otro de ensayo, sobre un mismo asunto. Añade interés al experimento el que el tema esté repleto de claroscuros y ambigüedades porque descansa en parte sobre una palabra esencialmente equívoca, al menos en español: esperar. Aunque sólo se trata del verbo, puesto que el sustantivo y resultado del esperar se bifurca en espera y esperanza.

     El primero de los libros, titulado Lista de esperas. Treinta esperas, una espera y un día, fue publicado en el 2014 y el segundo, Godot sigue sin venir. Vademécum de la espera, apareció en el 2016, si bien creo que el autor los escribió con menos intervalo entre ellos. Con menos espera y tal vez con más esperanza. Esta última queda plenamente justificada tanto por los poemas como por el ensayo.

     Pero prefiero que el lector juzgue con estos botones de muestra:

RECETA PARA GUARDAR AUSENCIAS
(para una persona, aproximadamente) 
Tómese una ausencia prolongada, madura,
con cartas a vuelta de correo, como antaño,
que pueden sustituirse por llamadas
siempre que sean a través de operadora,
con cortes inoportunos y profusión de interferencias.
Para este guiso se desaconsejan las ausencias breves,
pues pueden confundirse con la abstinencia ocasional,
menos jugosa y más indicada para ensaladas o platos fríos. 
[...
...
...
...] 
Porque no es aconsejable
abusar de esta receta,
pues uno termina por claudicar
y acaba cocinándose otros guisos,
muy ricos en grasas animales,
tan nocivos para el colesterol,
tan buenos para la arterioesclerosis. 

NUEVAS GLOSAS A HERÁCLITO 
Nunca lees dos veces el mismo libro,
proclama Heráclito esta vez sin río,
solemne, anacrónico, cenizo. 

ESPERAR NO ES ESPERAR 
Nuestro hermoso idioma,
tantas veces tan claro,
confunde torpe espera y esperanza,
ningún otro lo hace, y hacen bien,
pues el fatal desliz no es baladí,
no es ésa confusión que salga gratis.

     La última cita resume el tema y el tono del libro con una mezcla característica de fingida simplicidad, casi simpleza, de copla de ciego que termina resultando inquietante, tras haber comenzado festivamente.

     El ensayo, Godot sigue sin venir. Vademécum de la espera, recorre el mismo territorio psicológico y filológico que los poemas, pero lo hace con mucho más detenimiento. El resultado es que la sonrisa inicial se convierte en vaga zozobra. O tal vez se debió en mi caso a que lo empecé a leer con insomnio y terminé preguntándome si la lectura fue causa o resultado del insomnio. A ello se añade el lado onírico del texto, aunque a veces el sueño parece una leve pesadilla, en su variedad de "sueño de frustración", que es el que más desazón produce, y otras veces alcanza la angustia profunda.

     Pero Albero nunca pierde la sonrisa, siempre presente a lo largo del libro y desde el mismo índice, mezcla perfecta de lo risueño y lo ominoso, en ocasiones humor negro. Diríase que el autor ha escrito en parte con ánimo de exorcismo de sus propias inquietudes. Claro que cuantos escribimos lo hacemos con un cierto deseo de liberarnos de esas inquietudes, traspasándoselas al lector.

     En suma, Albero, aunque no es rumano, escribe como Ionesco el absurdo y Cioran el pesimista. Pese a la clara alusión a Samuel Beckett en el propio título del libro, es verdad en más de un sentido que Godot sigue sin venir y que el autor español no nos inflige todo el peso insoportable del sombrío irlandés, y no lo hace porque lo salva y nos salva la sonrisa inescrutable de quien quiere ocultar su bondad, por pudor.

     El resultado es que Miguel Albero es hoy el mejor ensayista en lengua española que conozco.













Lista de esperas
Miguel Albero
Abada Editores
Madrid, 2014













Godot sigue sin venir
Valdemécum de la espera

Miguel Albero
Páginas de Espuma
Madrid, 2016

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viernes, 15 de julio de 2016

Fuego, crimen y castigo (II)

Johan Christian Dahl, 1846
© Wikimedia Commons

     Un par de días después de aparecer mi carta en el ABC sobre el escándalo de la impunidad de los incendiarios de bosques en España, recibí un amable mensaje de cierta persona amiga en WWF (España). Me enviaba anejo este interesante informe titulado Dónde arden nuestros bosques. Análisis y soluciones de WWF.

     Ante todo debo reconocer que por primera vez en este tipo de documentos aparece una alusión a la impunidad de los citados delincuentes, entre las medidas para reducir el número de siniestros: 

     "Mejorar la identificación de causantes y la aplicación efectiva y ejemplar de sanciones y condenas para disuadir a quienes están detrás de los incendios y terminar con la actual impunidad."

     Son 30 palabras en un informe de 64 páginas. Pero, en fin, menos da una piedra.

     Ahora bien, en ningún sitio aporta datos e informaciones sobre la situación actual de los detenidos, juzgados y condenados por delitos o negligencias punibles relacionadas con estos incendios. Seguimos sin saber si hay alguien en la cárcel por estos graves motivos. Fui testigo de gestiones en todos los ministerios afectados o interesados en la materia, incluso contando con la ayuda benemérita de la Defensora del Pueblo. Resultaron infructuosas.

     En el informe mencionado de WWF (España) no se aborda ese aspecto, fundamental por su efecto disuasorio, ejemplar y de justicia retributiva. Al contrario, en el apartado correspondiente, bajo el título Factor humano, el gran olvidado, tan sólo menudean alusiones a las "inversiones para intervención social", "formación y sensibilización", "apuesta decidida por el diálogo", "búsqueda de soluciones consensuadas" y "conciliación de intereses".

     Por desgracia ese vocabulario recuerda otro, funesto, empleado por algunos para propiciar el final del terrorismo. ¿Conciliación y diálogo entre delincuentes y víctimas?

     Todo eso, dicho en plenas semanas de huelga indefinida de los agentes forestales en Cantabria, que coincide con la canícula veraniega. Y acompañado de múltiples exhortaciones a gastar más en trabajos de mantenimiento en invierno, etc. ¿Para granjearse la buena voluntad de los dueños de los fósforos? Hay tantos posibles beneficiarios, desde los furtivos hasta los que consiguen efímeros pastos tras quemar el monte... Sin olvidar tampoco al simple hideputa que disfruta haciendo el mal gratuito.



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